martes, 28 de enero de 2014

CRISIS ¿QUÉ CRISIS?

A raíz de los últimos datos del paro, el Gobierno se enorgullece de haber puesto los pilares de aumento de empleo. Por el contra, la oposición expresa la inutilidad de las medidas llevadas a cabo.

Pues bien, lo único que demuestran dichos datos es que sigue aumentando el paro, pero no por las medidas acordadas, ni por una oposición anquilosada en unas ideas ya caducas, si no, sencillamente, por la propia inercia del sistema, porque cada vez hay menor gente con trabajo, porque los pocos puestos de trabajo que se “crean” son basados en contratos basura, porque los sueldos son cada vez más miserables, porque hay quienes van jubilándose por lo que sus puestos de trabajo han de cubrirse, pero en base a unas medidas que, a lo único que nos dirigen, es a un sistema ya caduco: temporalidad, nóminas míseras, supresión de derechos, movilidad laboral extrema, horario más allá de lo necesario, sin conciliación familiar, etc….

Y ahora la oposición se queja de unas medidas que iniciaron y apoyaron ellos mismos, quienes también congelaron o redujeron sueldos, quienes acordaron también una reforma laboral en deprimento de los trabajadores, de sus trabajos, sueldos y familias.

Por lo que no es merecedor de elogio alguno, una situación que nos devuelve a un estado ya agotado y decrépito, a una situación en la que, aún cuando no hay un látigo, un “amo” o un “señor”, sutilmente se ha vuelto al mismo, sutilmente te dicen que en la puerta hay más gente esperando, que aceptas o te vas.

De los datos se puede ver con claridad que por cada parado que sale de ahí, hay tres personas que pierden el trabajo, que la población activa cae en alrededor de 270.000 personas en 2.013, y que hay un declive en la pauta de actividad. Y este último dato expresa la facultad de mantener el gasto público que baja del 60%.

Se indica que todo ello,  es por los excesivos costas burocráticos y fiscales. Pues bien, en parte es por ello. Pero principalmente por un sistema liberalcapitalista que, cada cierto tiempo, cae en crisis. Es decir, es un mal endémico de un sistema que necesita de la crisis para seguir existiendo y que, para ello, para su propia supervivencia le es necesaria “provocar” para sobrevivir, para “encauzar” su propio sistema.

Para ello, nada mejor que una serie de medidas que provoquen la sumisión del trabajador, con una serie de reformas laborales basadas en lo ya indicado: temporalidad, movilidad, pérdida de derechos, nula o escasa conciliación familiar, sueldos cercenados, etc….
           
Unas medidas que han adoptado tanto los gobiernos supuestamente de “derecha” como los de “izquierda”, cada uno con su punto de vista pero con un claro objetivo común: el sometimiento de los trabajadores al hacer y deshacer de unos pocos, y vendándoles los ojos con el de “no hay otra opción”, “es absolutamente necesario”, y, cada cierto tiempo, el manifestar lo de “brotes verdes” o “ya se ve la luz  en el tunel”.

No hay más solución que derruir un sistema desfasado. Al igual que una finca que, por su estado, y por muchos parches que se pongan, no solucionan ni asegura ni su firmeza ni su uso digno, solo queda derruirla, limpiar, y volver a construir.

Pero no cualquier sistema ni el mismo, ya que el comunismo no es más que un cierto capitalismo estatalizado y burocrático. Ha de crearse un sistema basado en el trabajo, que es el verdadero producto interior bruto (P.I.B.) que tiene un país, donde hay trabajo hay convivencia, donde hay Justicia social, hay patria.

Un sistema verdaderamente sindical basado en el trabajo y el trabajador, en el que estén implicados ambos, como verdaderos sujetos del sistema y no como entes pasivos sometidos al mismo.

Los trabajadores somos parte esencial, una pieza importante y necesaria en el engranaje y, para lo cual, hemos de estar concienciados, comprometidos y ser militantes en la lucha por la Justicia Social. Si somos parte inherente del sistema, también hemos de coger las riendas del mismo.

No solo hemos de luchar por conquistar nuestros derechos, DEBEMOS seguir luchando por mantenerlos, razón por la cuál hemos de estar unidos. La razón y la unión es nuestra fuerza. Si no luchamos, estamos perdidos.